La Habana, octubre–noviembre del 2009
Paso por el Palacio del Segundo Cabo, para coordinar un contrato por un artículo que me pagará, eventualmente, Cubaliteraria. En lo que espero al abogado, decido caerme por la librería Fayad Jamás, la de moneda nacional. Con el firme propósito de sólo mirar, que con un bebé y Yasmín sin trabajar estamos con una mano adelante y la otra atrás.
La librería está como en un sueño, tan atestada que hay montones de libros por los suelos, pendientes de organizar. Onda deliciosa, títulos tentadores, y, contra mi promesa, me gasto más de treinta pesos en varios títulos. Blanca Pitzorno ha hecho una actualización de historias de hadas y de caca; R. E. Howard –el papá de Conan, el supermusculoso héroe– me descubre a su violenta hija Sonya; Eddi Martin tiene sus memorias, con tono rojo bastante subido, pero pletóricas de interés.
En el trabajo vivo la experiencia de ser el héroe para unos y villano para otros. Vendemos unos pañales desechables que ya no le servirán al crecido nene. Los jabones aparecen en unas tiendas y desaparecen de otras. Cuando se tiene al primer bebé, la perspectiva que se tenía de la vida cambia para siempre. Baterías AA, especie en extinción, al igual que la atención al cliente en el Photoservice de 19 y 42.
Otros niños también están naciendo en esta época, grandes y gordos, después de llegar a 42 semanas dentro de las respectivas mamás. Pareciera una tendencia generalizada en las nuevas crías: prepararse todo lo posible antes de salir al mundo este que estamos viviendo.
La serie de béisbol está por comenzar. Si Cristiano Ronaldo pasa del Manchester al Real Madrid, no veo porqué no puedan pasar peloteros de Metropolitanos a Industriales, pero diez de un solo viaje me parece exagerado. Además, ¿por qué enviar al zurdo Maicel Díaz, uno de los mejores lanzadores, de regreso a Metros? Lo mejor que puede tener este año el equipo azul es al entrenador de pitcheo, Julio Romero está de vuelta. Y Auril practica un sano escepticismo ante los primeros intentos adoctrinadores del papá fanático. Por lo menos, trato de enseñarle a saltar sobre la mata de aguacates
Para terminar con otra de letras, las imágenes y explicaciones magistralmente sencillas de un librito alemán de educación sexual, ¿tema? de dónde vienen los niños. Dibujos bien claritos, simplificados en una onda naive, con las descripciones explícitas de cómo es la cosa. Por el lenguaje, que mis rudimentarios conocimientos del germánico y lo borroso de los ficheros me permitieron traducir, como para público de primaria. Después de superado el shock cultural, me convenzo de que los arios tienen razón, así es como es la cosa que provoca la curiosidad de los nenes. Para qué hacerles otro cuento que no es, si luego van a escuchar versiones de la sexualidad verdaderamente deformadoras, de otras fuentes menos confiables. En esta forma, queda claro por lo menos, que todo es un asunto de mucho amor.

