Redes solidarias para “buscarnos líos”
El viernes 27 de febrero fue la segunda jornada del Ciclo Taller “Vivir la Revolución a 50 años del su triunfo” (link: www.cuba-urss.cult.cu), convocado en el Instituto Juan Marinello por la Cátedra Antonio Gramsci y el Instituto Superior de Arte. El tema propuesto (El Sistema Político en la Revolución: Participación, sujeto popular y ciudadanía) facilitó otra oportunidad a los presentes para dar en el clavo en cuanto al diagnóstico de los problemas que nos aquejan diariamente.
¿Qué hacer entonces?
“Buscarse problemas, responsablemente, sin miedo”, se repitió. Y con solidaridad, diría yo. Porque cualquiera puede ser molido como individuo, o en su pequeña colectividad, en un arranque de “ínfulas” ciudadanas. Las redes que van (vamos) apareciendo, conozcámonos mejor. Coordinemos, sepamos de la existencia y el trabajo de cada una. Apoyémonos.
Tomé algunas notas del Taller. Las transcribo desde mi libreta a modo de provocación, sin demasiado cuidado del orden.
Explotar los pedacitos de poder con que contamos y conquistar nuevos espacios. Conectar el debate académico con el (más) popular, teniendo consciencia de que ambos son imprescindibles para el diseño de propuestas y acciones concretas. Lograr, con modestia, desde ambas partes, encontrar un lenguaje común. Hay un montón de conceptos desvalorizados por el mal uso propagandístico del Estado y la manipulación de un millón de gente que ha ido cuidando sus puestos durante años.
Pasar de un concepto abstracto de ciudadanía a uno más concreto de “sujeto popular”, que se haga patente (y por ahora, pedante) ante el poder actual en todo el proceso de concepción, ejercicio y control de las políticas. Varias preguntas nos asaltan: ¿Qué Derecho debe acompañar a este tipo de ejercicio público? ¿Existen espacios para ello en nuestros marcos jurídicos, así sea en términos meramente formales (recogidos en la Constitución, etc.)? Algunos sí, pero casi no se utilizan.
El punto de giro donde el socialismo deja de ser “muela” y llega a la gente, a sus vidas, sigue siendo la socialización. Se debe dejar de hablar del sistema como un todo y puntualizar. Dónde hay socialización (casi en ninguna parte) y donde no. Del poder, de los medios de producción, de la comunicación, de todo…
Frente al eje del status quo de hoy, formado por el Estado Asistencialista y la Nueva Burguesía, oponer una presión popular sistemática que tienda a producir una democracia de trabajadores (y de paso nos eduque para ella), que restituya su sentido original al mandatario. Mandatario: el que recibe el mandato, el que está obligado a cumplir lo que le mandan, el que es mandado por todos.
Alternativas:
1) Meterse adentro de las estructuras para tratar de cambiarlas desde dentro (voten por mí, y elíjanme diputado que voy a decir unas cuantas verdades en la Asamblea Nacional, hasta que me saquen con una camisa de fuerza como al “falso psiquiatra”). Muy difícil que resulte contra todo el aparato. Además, hace falta coraje e integridad individual. Además, solo produciría —en el mejor de los casos— éxitos puntuales que servirían para llamar la atención sobre procesos de mayor alcance. Quizá como algo propagandístico no estaría desacertado, pero no es una alternativa del todo funcional. No crea sentido de ciudadanía, sino de show.
2) Atacar y presionar a las estructuras desde fuera. Protestar mucho y en todas partes, no callarse nada, escribir en BC lo que nos de la gana. Si no es sistemático, no llega a ninguna parte. Sin un sistema de comunicación que le otorgue relevancia local, e incluso nacional, no sirve. La Internet no es suficiente, aunque sí necesaria. Exige coordinación entre los actores grupales. Precisa de una verdadera red.
3) Crear estructuras alternativas, crear poderes nuevos, pacíficos (por supuesto), ciudadanos. Exige meterse en candelas legales, buscarse líos más serios que los derivados de 2). Precisa de educación popular y verdadera creación de espacios de praxis democrática. Existe una experiencia latinoamericana contemporánea de todo esto, en Bolivia, Argentina, Brasil, en fin… Ojo: con ser voluntaristas no se gana nada. La revolución no se hace con solo quererlo. Los buenos propósitos pueden venirse abajo sin el estudio ponderado de los medios. El fin y los medios son lo mismo.

