Tengo un hermano negro (I)

Negra y blanca es el alma de Cuba.
Negra y blanca es el alma de Cuba.

En la escuela me dijeron que todos los niños eran iguales. Mis mejores amigos, hasta el preuniversitario, fueron negros: Raudel y Enrique. En mi primera aula de la Lenin había un sólo negro, una mulata y una mora.

Me enseñaron que “el negro si no la hace a la entrada la hace a la salida”, que “cada oveja con su pareja”. Me enseñaron a temerle a las “turbas de negros”, como si fuese heredero de algún colono francés descuartizado durante la Revolución haitiana.

Los profesores de Historia me hablaron de Aponte, de Mariana, de los hermanos Maceo, de Quintín Banderas, hasta de los Independientes de Color y de Jesús Menéndez. Pero estaba claro que la pluma era de Martí y el machete de Maceo.

Me enseñaron que la Santería era cosa de brujos y el toque de tambor algo poco menos que diabólico. Las fiestas de los negros siempre terminan a machetazos, porque “tenía que ser”.

Aprendí a apreciar la belleza de las mujeres negras, sin la malsana voracidad colonial de mis ancestros españoles. Leí los patakíes. Veneré la ceiba e hice promesas a Babalú San Lázaro.

La televisión me mostró héroes blancos, beldades blancas, perfectas familias blancas; y delincuentes negros, esclavas negras, solares pendencieros llenos de negros.

Pero en un concierto de rap escuché canciones revolucionarias que criticaban al racismo, al policía que hostiga por el color de la piel, la marginalidad que ahoga, la censura al reclamo de un grupo social acosado por la hegemonía blanca. Y me vieron, blanco, bailando con ellos, gritando con ellos, puño en alto, gozando el flow, hip-hop, negro y blanco, y me dieron la mano, la palma mestiza de mis cinco-dedos-abrazo para mis hermanos negros.

Ni negro ni blanco, humano, mas sabiendo que es duro ser negro en esta isla de amanecer difícil.

Les recomiendo también Tengo un sueño.

11 Responses to Tengo un hermano negro (I)

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  3. felix says:

    Estimado Boris, me juré a mí mismo que no iba a escribir más en BC, pero falté a mi promesa porque has escrito algo que merece atención en nuestro país, has escrito un hermoso texto. Desafortunadamente, Cuba sigue siendo un país extremadamente racista. Hace poco encontré una amiga francesa que fue a Cuba y se quedó traumatizada porque teniendo ella varios amigos negros, sobretodo músicos, la policía la paró  mil veces a defenderla del incómodo de las personas que la “estaban molestando”  (entiéndase los amigos negros de ella) y lo peor en varias ocasiones fueron a parar en la estación. Respetos.

  4. Gabriel says:

    En Cuba las cárceles están llenas de negros mientras que la cúspide del gobierno y del PCC están llenas de blancos. A punto de cumplirse 50 años de la revolución, en Cuba, según se sube en la escala social la piel se va volviendo cada vez más blanca.

    Eso ya no sucede en Estados Unidos.

    ¿Cuándo volverá Cuba a tener un presidente negro?

    Digo “volver” porque Cuba ya ha tenido un presidente mulato, justamente en la época pre-revolucionaria más racista.

  5. @Félix Tu regreso ha sido el mejor regalo de este día. Espero que siempre podamos darte, a ti y a todos nuestros lectores, miles de razones para volver a BC.

  6. @Gabriel Aunque Cuba haya tenido un presidente mestizo antes de 1959 –Batista, presidente constitucional de 1940-44, luego dictador 1952-1958– eso no significa que la situación de los negros fuera mejor en aquella época.
    Ciertamente, en las principales estructuras de poder en Cuba predominan los blancos, que demográficamente también son mayoría.

  7. Amel Rodriguez says:

    Muy interesante el artículo. Las enfermedades que se ignoran no se curan y muchas veces se hacen más graves. En Cuba, después de 1959 se liquidó el racismo “de un plumazo”. Se dijo que todos eran iguales y se pensó que con eso era suficiente. No se hizo un trabajo sistemático para lograr una reclasificación moral del racismo mediante el combate a todas sus manifestaciones, incluso las más aparentemente insignificantes. La herencia de siglos de esclavitud y racismo anteriores no se puede borrar en un tiempo relativamente breve sin un trabajo intenso y sostenido para lograrlo y un cuerpo de leyes que explícitamente condene y castigue las manifestaciones racistas. Si comparamos el cambio que ha existido en los Estados Unidos desde 1959 hasta la fecha, se aprecia que ha habido un avance innegable en la disminución del racismo entre la población. Esto se ha debido, a que, bajo la presión de las minorías, se han implantado leyes que castigan el racismo y otras que dan ciertas ventajas hasta estas minorías para poder acelerar su movilidad social. Además,  en los currículum escolares se hace bastante énfasis en este aspecto. Un ejemplo interesante y más cercano a la perfección de laboratorio es el caso del nazismo en la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana. En la República Federal, desde el final de la segunda guerra mundial ha existido una política de recordación y condena del nazismo y de cualquier expresión iniciada la superioridad racial. En la República democrática, se consideró que como ellos eran socialistas ya no tenían nada que ver con el nazismo y no se hizo tanto énfasis en una política agresiva para reevaluar moralmente el fascismo. El resultado ha sido, que los grupos de cabezas rapadas con tendencias fascistas son mucho más numerosos en la actualidad en la Alemania Oriental que en la Alemania occidental. En Cuba, recuerdo que una vez Fidel Castro planteó el problema del racismo y de la necesidad de tal vez imponer cuotas para lograr una participación más equilibrada de los negros y las mujeres en los puestos de dirigentes. realmente, él ha sido el único dirigente que ha planteado esto en forma abierta y cruda. Pero también esta ha sido la primera y posiblemente la única vez en que yo observé a militantes del partido cuestionar abiertamente y en público la posibilidad de esa medida y de negar en Cuba existiera algún tipo de discriminación, lo cual me dio una idea de la profundidad del problema racial en Cuba. En mi opinión, la pobre recepción de esta idea entre la masa militante hizo que este intento quedara en unos pocos movimientos formales y la ausencia de una política sistemática y la creación de un soporte legal para la eliminación del racismo. Actualmente, en mi opinión, Cuba está más atrasada que los Estados Unidos en este aspecto.

  8. Pulsares says:

    B: Aunque estuve desconectada casi toda la semana, regreso a BC para encontrarme con que sigues en la carga de la poco reconocida diversidad de la sociedad cubana, para bien y para mal. Me explico: la multiplicidad (racial, sexual, laboral, habitacional, política) de l@s habitantes de esta isla no es reconocida por muchos (dentro y fuera) y, del mismo modo que se ignoran los muchos colores de la gente de esta tierra, se ignoran los remanentes del racismo anclados en la cultura hegemónica (que considero mucho más amplia que la oficial), y ambas cosas son dañinas.
    Es lástima que en temas como el racismo estemos tan atrasados, legal y metodológicamente, que apenas tenga un año la Comisión de Asuntos Raciales del Consejo de Estado (si se hubieran hecho las cosas como debe ser, celebrariamos su cierre, ojalá llegue el día), es lástima que estas cosas sean invisibilizadas por temas supuestamente más importantes, que unirán a todos los cubanos bla bla bla.
    Te agradezco B, tu voz blanca, tu palabra comprometida en un futuro multicolor.

  9. jose says:

    Yo lo que se es que los negros de cuba tienen tremendo corazon y no lo piensan dos veces para ayudarte en un malmomento .

  10. jose says:

    En cuba no hay rasismo , al guajiro de oriente le dicen palestino y no lo quieren ni ver.eso es rasismo.
    Son diferencias culturales .

  11. Boris says:

    @José Hay discriminación contra los emigrantes orientales, también contra los pinareños, por ejemplo. Y hay racismo. Y los negros tienen el mismo corazón que los blancos. Todos somos seres humanos. La cantidad de melanina no nos hace esencialmente diferentes, aunque nuestro desarrollo histórico como grupos sociales sí lo ha sido, por la manera en que se han construido desde el poder hegemónico blanco las relaciones entre “razas”.

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